¿Sabías que el corazón actúa en nuestro cuerpo como un cerebro?
Las culturas antiguas eran cardiocentristas, situaban la sede de nuestra mente y nuestras emociones en el corazón. Nuestro lenguaje tiene pruebas de esta visión, recordar viene de recordis, pasar de nuevo por el corazón; tener coraje es tener un corazón fuerte… Esto cambió hace unos doscientos, trescientos años, con nuestra cultura científica y la visión mecanicista del cuerpo, el cuerpo es una máquina que tiene diferentes mecanismos. William Harvey, un médico inglés, hizo por primera vez la descripción correcta de la circulación sanguínea en el cuerpo y como ésta se producía gracias al bombeo del corazón.
De este modo, el corazón paso a ser la bomba hidráulica que distribuye la sangre a las distintas partes del cuerpo y la mente paso a ubicarse en el cerebro. Las investigaciones científicas de los últimos diez años aproximadamente, han descubierto que el corazón se comunica con el cerebro y el resto de los órganos del cuerpo de una manera muy rica, tiene su propio sistema nervioso complejo, llamado el cerebro del corazón. Esta comunicación no sólo es eléctrica, con impulsos nerviosos, también es bioquímica (fabricando hormonas) y energética, mediante ondas de pulso y campos magnéticos. De hecho, nuestro corazón posee un campo magnético mucho mayor que el que emite el cerebro y otros órganos.
En este video voy a contarte qué función tiene el corazón desde esta visión, qué es la coherencia cardiaca y cómo beneficia a tu salud física, mental y emocional.
Actualmente, la neurociencia ya no estudia el cerebro desligado del resto de órganos del cuerpo. Las investigaciones científicas han demostrado que los distintos órganos laten a diferentes frecuencias. Son miembros de una “orquesta” que no siempre se sincroniza bien. A veces la comunicación, el acople eléctrico, la coherencia entre ellos es mayor y a veces es menor y esto está directamente relacionado con la salud mental.
Volviendo a la comunicación entre el cerebro y el corazón, se ha descubierto que el corazón recibe la información del exterior y el interior del cuerpo, la envía al cerebro y el resto de los órganos a través del nervio vago. En concreto, el corazón manda la información a las partes emocionales del cerebro (a la amígdala que es una estructura que está aproximadamente en el centro del cerebro) y a las partes frontales, que están involucradas en la atención y la planificación. Pues bien, midiendo como es esa respuesta de nuestro corazón a diferentes estímulos y sensaciones, y cómo se comunica con nuestro cerebro, sabemos que nuestro corazón tiene que estar en coherencia para nuestro bienestar.
¿Qué es la coherencia cardiaca?
Coherencia significa armonía y equilibrio. Imagina que dejas caer una piedra en un estanque. La onda que se produce es repetitiva y predecible, es coherente. Hablamos de coherencia cardiaca cuando el ritmo cardiaco es flexible, varía de un modo amplio y sigue un patrón repetitivo con predominio de lo que los científicos llaman la frecuencia resonante del corazón, que es un tipo de frecuencia que aparece cuando el corazón hace mejor su función, es decir, cuando se presenta este patrón cardiaco, la sincronización entre el cerebro, el corazón y el resto de los órganos del cuerpo, la orquesta, que te mencionaba antes, toca mejor. En definitiva, nuestro organismo se regula mejor, nuestro sistema nervioso autónomo se armoniza.
Te recuerdo que nuestro sistema nervioso autónomo inerva el corazón y otros órganos y está formado por dos ramas: la simpática y la parasimpática. Por ejemplo, si corremos su rama simpática se activará para poder dotar a nuestros músculos de la energía necesaria para el ejercicio que estamos haciendo. Si nos sentamos a meditar, la rama parasimpática se activará para dotarnos de la concentración que necesitamos en esta actividad.
Cuando tenemos ansiedad, nuestro latido cardiaco se acelera, nuestra respiración se agita, nuestros músculos se tensan, sudamos… en definitiva, la rama simpática de nuestro sistema nervioso autónomo se activa y provoca todos estos síntomas. También se activa cuando tenemos estrés. Una vez que pasa el estrés, no volvemos a un nivel cero. En nuestro cuerpo se queda un estrés residual que se va acumulando a medida que nos encontramos con situaciones de estrés. Pero también si estamos pasando por un proceso depresivo o tenemos altibajos emocionales nuestro sistema nervioso autónomo está desregulado.
¿Cómo podemos regularnos? ¿De qué manera podemos equilibrar nuestro sistema nervioso autónomo? ¿Cómo podemos eliminar el estrés residual?
Practicando, técnicas de coherencia cardiaca. Basándonos en la comunicación corazón- cerebro, estas técnicas no sólo nos van a ayudar a gestionar nuestras emociones, tienen grandes beneficios en:
- Nuestras relaciones con los demás, nos ayudan a comunicarnos de un modo efectivo, a empatizar (ponernos en el lugar del otro).
- Nuestro desempeño profesional, nos ayudan a pensar con claridad, tomar decisiones, gestionar la incertidumbre.
- Nuestro desarrollo personal, potencian nuestra intuición, la inteligencia de nuestro corazón.
- Aumentan nuestra capacidad de resiliencia, que es nuestra capacidad de adaptarnos y recuperarnos de las situaciones adversas.
- Nuestra salud física, mejoran nuestro sistema cardiovascular, musculo- esquelético, inmune y hormonal
La coherencia cardiaca se entrena y además no se necesita dedicarle mucho tiempo al día, valen unos pocos minutos repartidos como a ti te venga mejor. Se utilizan ejercicios sencillos, de respiración, de imaginación de situaciones placenteras, recuerdos, prácticas en las que la atención juega un papel importante. Pero no todos los ejercicios sirven por igual para todas las personas, es necesario medir tu coherencia cardiaca en diferentes momentos para ver el tuyo y que lo puedas practicar.
Si quieres aumentar tu coherencia cardiaca, si deseas fomentar tu bienestar, si has decidido invertir en tu salud mental y emocional ponte en contacto conmigo en info@cristinacano.com
